La seguridad bonaerense ya no depende solamente de patrulleros, efectivos o cámaras. Cada vez más, una parte crítica del funcionamiento policial pasa por una infraestructura tecnológica que opera detrás de escena y que esta semana volvió a quedar en el centro por una licitación multimillonaria impulsada por el gobierno provincial.
La contratación supera los 6 mil millones de pesos y apunta al mantenimiento y actualización del sistema P25, la red digital utilizada por la Policía Bonaerense para sostener comunicaciones operativas, coordinación entre fuerzas y transmisión segura de información en tiempo real.
Aunque el nombre técnico pasa desapercibido fuera del ámbito especializado, se trata de una tecnología clave dentro de las estructuras modernas de seguridad. El estándar P25 es utilizado en distintos países por fuerzas policiales, organismos de emergencia y sistemas de defensa debido a su capacidad para operar con comunicaciones encriptadas y mayor estabilidad frente a redes tradicionales.
En Buenos Aires, el sistema conecta patrulleros, centros de monitoreo, bases operativas y distintas dependencias policiales mediante una red digital que funciona como soporte invisible de gran parte de la actividad cotidiana de seguridad.
La nueva licitación busca garantizar continuidad técnica, soporte operativo y actualización de una infraestructura que se volvió cada vez más estratégica a medida que avanzó la digitalización de la seguridad pública.
El crecimiento de cámaras inteligentes, monitoreo urbano, análisis de datos y herramientas de vigilancia en tiempo real también incrementó la necesidad de redes capaces de procesar información de manera constante y segura.
En paralelo, especialistas del sector vienen advirtiendo que las fuerzas de seguridad enfrentan un nuevo desafío: proteger no solo el territorio físico, sino también la infraestructura digital que sostiene gran parte de sus operaciones.
La discusión sobre seguridad empieza así a desplazarse hacia un terreno menos visible, pero cada vez más importante: servidores, telecomunicaciones, sistemas encriptados y redes críticas que hoy forman parte central de la capacidad de respuesta del Estado.



