El Gobierno nacional anunció la presentación de una iniciativa privada para construir un reactor nuclear modular en el complejo Atucha, en Zárate. El proyecto, impulsado por Meitner Energy con participación de INVAP, busca posicionar a la Argentina en uno de los mercados tecnológicos de mayor crecimiento, aunque también reabrió el debate sobre el futuro del desarrollo nuclear nacional.
Por la Redacción de Tecno PBA
La provincia de Buenos Aires volvió a quedar en el centro de uno de los anuncios tecnológicos más importantes del año. El Gobierno nacional presentó oficialmente una iniciativa privada para construir el reactor modular ACR-300 en el complejo nuclear de Atucha, ubicado en la localidad de Lima, partido de Zárate, con una inversión estimada en 1.200 millones de dólares.
La propuesta fue presentada por Meitner Energy y contempla el desarrollo del primer reactor comercial basado en el diseño ACR-300, una tecnología de ingeniería argentina en la que INVAP participa como socio de la compañía. El proyecto fue ingresado para acogerse al régimen de incentivos para grandes inversiones y todavía deberá atravesar las instancias regulatorias y de aprobación correspondientes antes de su eventual construcción.
Más allá del anuncio, el proyecto volvió a instalar una discusión que trasciende a una sola obra: el lugar que ocupará la Argentina —y particularmente la provincia de Buenos Aires— en la nueva generación de tecnología nuclear.
Buenos Aires vuelve a ser protagonista
El complejo Atucha concentra desde hace décadas uno de los activos tecnológicos e industriales más importantes del país.
En ese predio funcionan Atucha I y Atucha II, mientras que allí también estaba previsto el desarrollo de Atucha III, proyecto que finalmente no avanzó.
Ahora, el mismo emplazamiento vuelve a ser elegido para un desarrollo de alto valor agregado que podría colocar nuevamente a Buenos Aires en el centro del mapa nuclear internacional.
La elección no es casual. Además de su infraestructura existente, Atucha cuenta con recursos humanos especializados, experiencia operativa y un entramado industrial que lo convierten en uno de los polos tecnológicos más importantes de América Latina.
La carrera mundial por los reactores modulares
El interés por los Small Modular Reactors (SMR) creció exponencialmente durante los últimos años.
A diferencia de las centrales nucleares convencionales, estos reactores poseen una potencia menor, tiempos de construcción más reducidos y un diseño modular que permite fabricar componentes en serie y disminuir costos.
Su principal ventaja es la flexibilidad.
Pueden abastecer ciudades medianas, parques industriales, complejos mineros, puertos, plantas petroquímicas e incluso grandes centros de procesamiento de datos, cuya demanda energética aumenta de manera acelerada por el crecimiento de la inteligencia artificial.
Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, China y Rusia lideran actualmente la competencia por desarrollar este tipo de tecnologías, consideradas una de las próximas grandes transformaciones del sector energético mundial.
¿Qué propone el ACR-300?
El proyecto anunciado prevé un reactor con una potencia aproximada de 300 megavatios, diseñado para operar con altos estándares de seguridad y una arquitectura simplificada respecto de las centrales tradicionales.
Según lo informado oficialmente, la iniciativa será desarrollada íntegramente con inversión privada y buscará posicionar a la Argentina dentro del mercado internacional de reactores modulares.
No obstante, especialistas recuerdan que este tipo de emprendimientos requieren largos procesos de ingeniería, validación técnica, licenciamiento por parte de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y numerosas etapas previas antes de comenzar su construcción.
Por ese motivo, el anuncio representa el inicio de un proceso que todavía deberá superar importantes desafíos técnicos y regulatorios.
El debate sobre el conocimiento nuclear
El anuncio coincidió con otro hecho que generó fuerte repercusión dentro del sector científico.
Dos días antes, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) avanzó con el despido de más de sesenta trabajadores entre técnicos, profesionales y personal especializado.
La situación motivó críticas de distintos referentes del ámbito nuclear.
La ex presidenta de la CNEA y actual diputada nacional Adriana Serquis sostuvo que el proyecto ACR-300 retoma una iniciativa presentada originalmente por Demian Reidel a fines de 2024 y cuestionó la viabilidad de los plazos planteados para su desarrollo.
En declaraciones periodísticas, también expresó preocupación por el futuro del proyecto CAREM, el reactor modular desarrollado por la Argentina, y advirtió que parte del conocimiento acumulado durante años dentro del sistema científico nacional podría terminar migrando hacia emprendimientos privados.
“Más regalo de nuestro capital estratégico no puede haber”, afirmó durante una entrevista concedida a El Destape.
El desafío del CAREM
La discusión también volvió a poner bajo la lupa al CAREM, considerado uno de los desarrollos tecnológicos más ambiciosos de la historia nuclear argentina.
El proyecto, concebido íntegramente por la CNEA, presenta un importante grado de avance, aunque distintos especialistas sostienen que su evolución perdió impulso durante los últimos meses.
Desde sectores vinculados al organismo existe preocupación por la continuidad de los equipos técnicos y por la preservación del conocimiento desarrollado durante décadas alrededor del reactor.
Para muchos especialistas, la principal fortaleza del programa nuclear argentino nunca fue únicamente su infraestructura, sino la capacidad de formar recursos humanos altamente calificados.
Tecnología, industria y soberanía
La discusión abierta tras el anuncio del ACR-300 excede el plano energético.
También involucra política industrial, innovación, desarrollo científico y soberanía tecnológica.
Argentina integra el reducido grupo de países capaces de diseñar, construir y exportar tecnología nuclear. Esa posición fue construida durante más de setenta años mediante inversión pública, investigación científica y formación de profesionales altamente especializados.
El desafío que ahora se abre consiste en determinar cómo compatibilizar nuevas inversiones privadas con la preservación de esas capacidades estratégicas.
Una oportunidad para Buenos Aires
Si finalmente supera las etapas regulatorias y administrativas, el ACR-300 podría transformarse en uno de los proyectos tecnológicos más relevantes desarrollados en territorio bonaerense durante la próxima década.
La iniciativa volvería a colocar a Atucha como un polo de innovación de alcance internacional y reforzaría el papel de la provincia de Buenos Aires en un sector donde convergen ingeniería de alta complejidad, investigación científica, industria nacional y generación de energía.






