Cristian Girard llevó a Salta la experiencia tecnológica de la agencia bonaerense mientras puertas adentro persisten los reclamos de los trabajadores informáticos. En paralelo, ARBA avanza con consultorías externas, proyectos de modernización financiados mediante el PNUD y hasta la puesta en valor de oficinas en la Ciudad de Buenos Aires.
ARBA quiere convertirse en una referencia tecnológica más allá de las fronteras bonaerenses. Su director ejecutivo, Cristian Girard, viajó a Salta para participar de actividades de intercambio entre administraciones tributarias y mostrar herramientas desarrolladas por el organismo para mejorar la fiscalización y el procesamiento de información.
La postal encaja perfectamente con la imagen que la Agencia de Recaudación viene construyendo: bases de datos, inteligencia fiscal, cruces masivos de información y tecnología aplicada para detectar inconsistencias.
Pero existe otra ARBA que no aparece en esas presentaciones.
Es la que puertas adentro mantiene un conflicto con parte de sus propios trabajadores informáticos por el reconocimiento de la función que desempeñan.
La contradicción empieza a resultar difícil de ignorar: el organismo exporta su capacidad tecnológica mientras quienes sostienen parte de esa infraestructura reclaman por sus condiciones laborales.
El conflicto detrás de las pantallas
Una parte importante de la disputa tiene origen en los cambios introducidos sobre el régimen de reconocimiento de la función informática dentro del Estado bonaerense.
En noviembre de 2024, el Decreto 2625/24 implementó una Bonificación por Función Específica Informática y dejó atrás normas sobre las que durante años se había estructurado el reconocimiento de cargos y funciones tecnológicas.
El esquema sufrió modificaciones posteriores, pero el conflicto no terminó.
Fuentes vinculadas a los trabajadores sostienen que existen diferencias sobre la implementación efectiva del nuevo régimen y cuestionan especialmente la desaparición del nomenclador que históricamente ordenaba y reconocía las funciones informáticas.
El reclamo adquiere otra dimensión cuando se observa el proceso de transformación tecnológica que simultáneamente impulsa ARBA.
Consultores para modernizar una potencia informática
ARBA posee desde hace décadas una de las estructuras informáticas más importantes del Estado bonaerense. Sus sistemas administran información tributaria crítica y procesan millones de registros vinculados con contribuyentes, inmuebles, vehículos y actividad económica.
Sin embargo, buena parte de su actual proceso de modernización está acompañado por una creciente agenda de consultorías y contrataciones externas.
Uno de los principales vehículos es el Proyecto PNUD ARG/22/013, denominado “Fortalecimiento estratégico de las herramientas tecnológicas y operativas de la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires”.
Bajo ese programa aparecen procedimientos vinculados con transformación de arquitectura tecnológica, sistemas críticos de agentes de recaudación, versionado de código Natural, especificaciones para el rehosting del Mainframe, infraestructura del Centro de Procesamiento de Datos y nuevas plataformas para integrar y explotar información.
En 2026 se incorporó además una consultoría para el “Diseño e Implementación de la Plataforma de Integración y Explotación de Datos para el Fortalecimiento de las Capacidades Analíticas y Operativas”.
La contratación de empresas especializadas no constituye por sí misma una anomalía. En una infraestructura tecnológica de semejante escala, recurrir a proveedores privados puede resultar necesario.
La discusión es otra: qué capacidades está comprando ARBA afuera y cuáles podría desarrollar con sus propios equipos.
El conocimiento que no figura en las licitaciones
En tecnología existe un activo difícil de contabilizar: el conocimiento acumulado.
Los sistemas críticos de un organismo como ARBA no dependen únicamente del software o de la infraestructura contratada. También dependen de programadores, administradores de bases de datos, especialistas en infraestructura y analistas que conocen desde hace años las relaciones entre aplicaciones, procesos tributarios y diferentes generaciones tecnológicas.
Por eso, dentro de las áreas informáticas también existen cuestionamientos hacia la conducción de la Gerencia General de Tecnología e Información.
Trabajadores consultados señalan cambios en la estructura de conducción, incorporación de asesores y desplazamientos de personal de carrera de posiciones de responsabilidad.
Son cuestionamientos internos que deberían ser respondidos por el organismo, especialmente en momentos en que ARBA profundiza la incorporación de asistencia externa para proyectos estratégicos.
La pregunta tecnológica es sencilla: ¿cuánto cuesta reemplazar conocimiento institucional acumulado durante décadas?
De La Plata a Capital Federal
En medio de ese proceso aparece otro dato llamativo.
Dentro de las contrataciones realizadas mediante el Proyecto PNUD ARG/22/013 figura una licitación pública internacional destinada a la puesta en valor del primer piso de un inmueble ubicado en Bernardo de Irigoyen 972, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La apertura de ofertas se realizó en septiembre de 2025.
La inversión abre un interrogante particular tratándose de un organismo provincial cuya administración central y buena parte de su estructura tecnológica tienen una histórica presencia en La Plata.
¿Por qué ARBA necesita acondicionar nuevas instalaciones en Capital Federal?
Fuentes internas relacionan esa decisión con la organización de parte de los equipos de conducción, aunque la utilización concreta de esas instalaciones y los motivos operativos de la inversión deberían ser precisados oficialmente por el organismo.
La paradoja tecnológica de ARBA
El debate excede una discusión salarial.
ARBA construyó una enorme capacidad para procesar información. Cruza bases de datos, utiliza imágenes satelitales, incorpora herramientas de inteligencia fiscal y desarrolla sistemas que luego puede compartir con otras jurisdicciones.
Ahora busca avanzar hacia nuevas plataformas de integración y explotación de datos.
Pero detrás de toda esa infraestructura existe un recurso tecnológico mucho menos visible: sus propios trabajadores.
Y allí aparece la contradicción que la conducción todavía no consiguió resolver.
Mientras Girard muestra en otras provincias la capacidad tecnológica desarrollada por ARBA, puertas adentro continúan los reclamos de quienes trabajan sobre esos sistemas y se multiplican las contrataciones vinculadas con la modernización tecnológica.
La discusión que queda abierta no es si ARBA debe modernizarse. Es quién va a protagonizar esa modernización.
Si el conocimiento acumulado por sus equipos informáticos seguirá siendo un activo estratégico del organismo o si cada vez más capacidades terminarán dependiendo de consultores, proveedores y estructuras externas.
Antes de exportar el “modelo ARBA”, la conducción tiene una discusión tecnológica pendiente en La Plata: qué lugar tendrán en ese modelo los informáticos que ayudaron a construirlo.






